30 may. 2011

Ananké


Ajado su rostro, largas sus gastadas ropas, mustios sus cabellos… Era vieja como el mismo tiempo, con él entrelazada permanecía, y con su pausado caminar avanzaba sin que nada la desviase de su rumbo, pues si había algo inevitable en cualquier plano de existencia, se trataba de ella. Llevándose consigo sueños, arrancando ilusiones de manos temblorosas, apagando los pequeños destellos de incertidumbre que hacían florecer la esperanza allí donde un pequeño rayo de sol se dejaba ver. Inevitable como la misma muerte, pero al contrario que ella sus ropas no eran negras, no portaba filo curvo ni calaveras aterradoras… No lo necesitaba para provocar el pavor más absoluto en el alma más blanca ¿Creías saber de quien se trataba?